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¡Hola!

El trabajo y las obligaciones diarias nos dejan poco tiempo para poder contaros todas las cosas que nos están pasando, todas las cosas bonitas que estamos haciendo y las que nos quedan por hacer.

Hoy os traigo la boda de Sofía y Alex en Patagonia, un amor que viaja hasta el fin del mundo y que consigue situarse en nuestro top 10 de bodas favoritas de todos los tiempos y hace que sintamos verdadera envidia, por supuesto de la buena, por poderse dar el sí quiero con tanto gusto.

En Nueva York y según la edición americana de Vogue es la boda del año, yo creo que hasta de la década.

La modelo Sofía Sanchez Barrenechea & Alexandre de Betak,organizador de eventos para la Paris Fashion Week, decidieron celebrar una boda de 3 días entre Navidad y Año Nuevo con un claro código de vestimenta que solo se pide para los premios de moda que se celebran en el Museo Metropolitano para casarse en una desértica playa en la que disfrutaron de lo mejor de Argentina, gauchos, tango y asados.

A pesar de su dress code (Código de vestimenta) no querían que fuera algo recto y aburrido y por eso incorporaron a otro protagonista, Darth Vader ahora es cuando me enamoro, y situaron un gran hinchable de el para recepcionar a los invitados que llegaban en ferry a la playa volcánica. Repartieron coronas de flores y alpargatas argentinas impresas con la silueta del malo de Star Wars para aquellos que no querían estropear sus zapatos.

El novio llego por el embarcadero, escoltado por sus hombres, por el embarcadero, luciendo trajes impecables del diseñador Berluti.

Mientras que la novia hacia su entrada triunfal con una lancha de madera (a lo más puro estilo Amal y George en Venecia), con azotes de viento en su velo que la convertían en una princesa de cuento, tanto que parecía un autentico espejismo encontrar tal maravilla en aquella playa.

Vestido de Alta Costura de Valentino, bordado con perlas y cristales por un total de 1800 horas.. no siendo un total white y rindiéndose al tul calcedonia pálido mezclándose con la tonalidad gris suave de la roca volcánica de la playa y el verde del río Machete.

Las niñas y niños vestidos de Delphine Manivel impecables vestidos con flores le guiaron hasta el imponente espacio de altísimos árboles coihu, bajo el cual se sentaban 300 invitados, nadie echo de menos la ninguna catedral, podías escuchar los pájaros cantar y el silencio.

Ella jamás imagino casarse en la ciudad, ella nació en Buenos Aires y en sus vacaciones la familia visitaba los lagos de Patagonia. A pesar de vivir entre Nueva York y París, la pareja quería mostrar los orígenes de Sofía y enseñar a todos sus invitados los paisajes más salvajes y vírgenes de la naturaleza, desde los Andes hasta la orilla de la playa en donde se casaron.

El primer día realizaron un picnic gaucho temático, entre las cenizas y los caminos de tierra casi intransitables, no era un evento para los que sufren del corazón. Vistieron ponchos de Anja Rubik de su Polonia natal, pantalones Pucci de ante y botas de flecos de Constanza Jabloski.

El chef argentino Francis Mallmann lograron preparar la fiesta durante 3 días en aquellos parajes, sin ni siquiera el beneficio de una cocina así que, a al vieja usanza decidieron cocinar, sobre piedras y fuego. Verduras, pescado y por supuesto corderos asados.

Bajo arboles de hoja perenne, una selva que se impregnaba del agradable olor a comida recién hecha.

Para la fiesta y el baile, cambiaron de lugar, un antiguo granero junto al lago Villa La Angostura en el que la novia lució vestidos de Rodarte en la que ella quería sacar su parte más de hada de cuento.

Llevaron a la banda de música más famosa de Argentina, Rafaga y la novio cambió su vestido por uno corto de plumas, con bordados en el encaje y lentejuelas un disco vintage que no puedes dejar de mirar.

La noche no termino hasta las 8.30 de la mañana en la que los novios y unos amigos no dejaron de bailar.

Tras unas horas de descanso, realizaron un tango brunch, que ayudó con la resaca y con el esguince que se hizo la novia. Si las guapas también se caen bailando.

La novia lucía una pieza de espalda escotada de Anthony Vaccarello y una rosa de seda en su moño para poder enseñar a sus invitados lo que aprendió durante semanas de clases de tango junto a Alex que terminó con un gran abrazo y no pudo poner mejor broche final a la boda.

Espero que os haya gustado, nosotras seguimos enamoradas.

¡Feliz viernes!

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8 Comments on Amor, hasta el fin del mundo

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